La Universidad Usfa y organizaciones nacionales clausuran la sexta versión del Curso Anual “Autismo y el Ciclo Vital”

Formación, inclusión y compromiso: familias y profesionales fortalecen sus capacidades para acompañar a las personas con autismo en cada etapa de la vida

La Universidad Privada San Francisco de Asís (USFA), junto al Programa Madre Educadora de Bolivia y la Plataforma Nacional de Acciones YA, clausuró la sexta versión del Curso Anual “Autismo y el Ciclo Vital”. La formación reunió a familias, profesionales y organizaciones de diferentes regiones del país, abordando el autismo desde la infancia hasta la adultez y vejez. Con 60 horas académicas, el programa combinó conocimientos profesionales, experiencias familiares y actividades prácticas aplicadas en los hogares. Alrededor de 70 participantes concluyeron satisfactoriamente el proceso. La iniciativa reafirma el compromiso institucional con la educación inclusiva, la defensa de derechos y el acompañamiento familiar.

 

Escrito por:

Carlos Jorge Landaeta Mendoza Carlos Jorge Landaeta Mendoza
La Universidad Usfa  y organizaciones nacionales clausuran la sexta versión del Curso Anual “Autismo y el Ciclo Vital”

Evento desarrollado a través de la plataforma Zoom

271

Publicado el:

2026-09-01 04:29:38

Última actualización

2026-09-02 01:22:50

El pasado 14 de agosto, la Universidad Privada San Francisco de Asís (USFA), por medio del Instituto de Investigación e Interacción Social y su Unidad de Educación Inclusiva, junto con el Programa Madre Educadora de Bolivia y la Plataforma Nacional de Acciones YA, realizó el acto de clausura y entrega de certificados de la sexta versión del Curso Anual “Autismo y el Ciclo Vital, un proceso de formación dirigido a madres, padres, familiares, profesionales y personas comprometidas con el acompañamiento, la inclusión y la defensa de los derechos de las personas con trastorno del espectro autista.

El acto se desarrolló en modalidad virtual y reunió a representantes de organizaciones, asociaciones y filiales procedentes de La Paz, Santa Cruz, Cochabamba, Oruro, Tarija, Uyuni, Yacuiba y Riberalta, además de profesionales, facilitadores y participantes que culminaron satisfactoriamente el programa. La ceremonia representó el cierre de una etapa de aprendizaje sostenida durante varios meses, pero también la renovación de un compromiso colectivo orientado a mejorar la calidad de vida de las personas con autismo y sus familias.

La actividad fue conducida por la Lic. Melvy Ramírez, quien destacó el carácter simbólico y significativo de la clausura, considerando el esfuerzo realizado por las personas participantes para adquirir conocimientos y herramientas aplicables en sus hogares, instituciones y comunidades. Durante la apertura también se reconoció el respaldo de las autoridades universitarias y de diferentes actores comprometidos con la educación inclusiva y la defensa de los derechos de las personas con discapacidad.

Entre las autoridades y representantes mencionados durante la ceremonia estuvieron el rector de la Universidad Privada San Francisco de Asís, Lic. Jorge Dorado; la vicerrectora, Ing. Caterina Ricco; el director del Instituto de Investigación e Interacción Social, Dr. Carlos Jorge Landaeta Mendoza; la coordinadora de la Unidad de Educación Inclusiva, Lic. Fabiola Achá; y el coordinador nacional del Programa Madre Educadora de Bolivia y de la Plataforma Nacional de Acciones YA, M.Sc. Marcelo Guillermo Ergueta Álvarez.

Asimismo, se destacó el acompañamiento de la diputada Gabriela Pacello Paz, integrante de la Cámara de Diputados del Estado Plurinacional de Bolivia, además de la participación de representantes nacionales y departamentales del Programa Madre Educadora de Bolivia, la Plataforma Nacional de Acciones YA y diversas asociaciones de familias de personas con autismo.

Una formación que comprende el autismo a lo largo de toda la vida

Uno de los principales aportes del curso fue abordar el autismo desde una perspectiva de ciclo vital. La propuesta académica partió del reconocimiento de que gran parte de las acciones formativas y servicios de atención suelen concentrarse en la primera infancia y la niñez, dejando en segundo plano las necesidades que emergen durante la adolescencia, la adultez y la vejez.

El curso permitió reflexionar sobre una realidad fundamental: las personas con autismo crecen, atraviesan transformaciones físicas, emocionales, familiares y sociales, y requieren apoyos diferenciados en cada etapa de su vida. Por ello, el acompañamiento no puede detenerse cuando concluye la infancia ni limitarse a intervenciones tempranas. Debe proyectarse hacia la educación, la autonomía, la participación social, la construcción de un proyecto de vida, el ejercicio de derechos y la inclusión durante la vida adulta.

A lo largo del proceso formativo se desarrollaron contenidos relacionados con los fundamentos del neurodesarrollo en el trastorno del espectro autista, la comunicación, la estimulación psicomotriz, las conductas disruptivas durante la infancia, la terapia ocupacional, la educación inclusiva, el papel de la familia y la escuela, la normativa boliviana, el acceso a servicios, la elaboración de apoyos visuales y el diseño de rutinas estructuradas.

También se generaron espacios para conversar sobre el duelo que puede atravesar una familia después de recibir un diagnóstico, el proceso de aceptación, las expectativas familiares y la necesidad de construir proyectos de vida realistas y dignos. Estos contenidos permitieron superar una mirada exclusivamente clínica y comprender a la persona con autismo desde una perspectiva integral, reconociendo su identidad, capacidades, necesidades, derechos y posibilidades de desarrollo.

De la información a la aplicación en los hogares

El Curso Anual “Autismo y el Ciclo Vital” se desarrolló entre el 21 de marzo y el 23 de mayo de 2026, con una carga horaria de 60 horas académicas. Durante aproximadamente dos meses y medio se organizaron entre siete y ocho sesiones regulares, además de encuentros complementarios destinados a profundizar diferentes temáticas y responder a las inquietudes de las familias.

La sexta versión registró alrededor de 250 inscripciones, hecho que evidencia el interés y la necesidad de contar con espacios accesibles de formación sobre autismo. Sin embargo, la certificación no dependió únicamente de la inscripción. Las instituciones organizadoras implementaron mecanismos de seguimiento para garantizar que la capacitación representara un verdadero proceso de aprendizaje y no solamente la asistencia ocasional a charlas virtuales.

Para acceder a la certificación, las personas participantes debían alcanzar por lo menos el 80 % de asistencia, responder las actividades de seguimiento planteadas al finalizar las sesiones, presentar las tareas asignadas y completar la evaluación correspondiente. Como resultado de este proceso, alrededor de 70 participantes cumplieron los criterios establecidos y concluyeron satisfactoriamente la formación.

Las tareas fueron diseñadas con una orientación práctica. Las familias no solo recibieron información, sino que tuvieron que seleccionar, adaptar y aplicar actividades con sus hijas e hijos, documentando el proceso mediante evidencias. De esta manera, los conocimientos compartidos por profesionales de áreas como Psicología, Psicomotricidad, Fonoaudiología, Terapia Ocupacional y Educación Inclusiva llegaron de forma directa a las personas con autismo.

Esta metodología permitió vincular la teoría con la vida cotidiana. Cada contenido debía traducirse en una acción concreta dentro del hogar, en una estrategia de comunicación, un apoyo visual, una rutina estructurada, una actividad psicomotriz o una forma diferente de comprender y acompañar determinadas conductas.

El M.Sc. Marcelo Guillermo Ergueta Álvarez explicó que la rigurosidad en el seguimiento tuvo como propósito evitar que el curso se convirtiera en una capacitación más, desconectada de las necesidades familiares. Señaló que la educación debe producir transformaciones observables y aportar cambios cualitativos en la vida de las personas con autismo y sus entornos más cercanos.

Desde esta perspectiva, el resultado del curso no se limita al número de certificados entregados. Su principal valor radica en las prácticas que las familias lograron incorporar, las dudas que pudieron resolver, los procesos de aceptación que comenzaron a trabajar y las redes de apoyo que fortalecieron durante la experiencia formativa.

La experiencia de las familias como fuente de conocimiento

Además de las intervenciones profesionales, el curso reconoció el valor de los conocimientos construidos por las propias familias. Madres que participaron en procesos anteriores compartieron materiales, técnicas, experiencias y estrategias desarrolladas durante años de acompañamiento a sus hijas e hijos.

Este intercambio promovió una dinámica de aprendizaje de madre a madre y de familia a familia. Las participantes con mayor experiencia orientaron a quienes comenzaban a recorrer el camino posterior al diagnóstico, demostrando que el conocimiento cotidiano también constituye un recurso esencial para enfrentar dificultades, tomar decisiones y construir apoyos pertinentes.

Durante su intervención, Maya Isabel Flores García, representante de una asociación de familiares de personas con autismo de Oruro y familiar de dos personas dentro del espectro autista, subrayó que hablar del autismo a lo largo del ciclo vital implica reconocer las transformaciones que experimentan todas las personas desde la primera infancia hasta la vejez.

Flores destacó que la adolescencia, la adultez y la vejez continúan siendo etapas poco consideradas en muchas capacitaciones y políticas de atención. Explicó que, aunque el desarrollo cognitivo de una persona no siempre coincida con su edad cronológica, los cambios físicos, emocionales y sociales continúan produciéndose y demandan nuevas respuestas de acompañamiento.

También señaló que la información constituye una de las herramientas más poderosas para derribar mitos, romper barreras y construir puentes hacia una sociedad verdaderamente inclusiva. Desde su experiencia, la formación permite mirar más allá del diagnóstico y reconocer, antes que cualquier condición, a la persona, su dignidad y sus posibilidades.

La representante agradeció el compromiso de quienes asistieron sábado tras sábado y valoró el esfuerzo de las familias por dedicar tiempo a capacitarse mientras atendían sus responsabilidades laborales, domésticas y de cuidado. Sostuvo que este esfuerzo demuestra el profundo amor de madres y padres hacia sus hijos y su decisión de seguir luchando por una vida con mayores oportunidades.

Conocimiento, comunidad y acompañamiento mutuo

La abogada Claudia Andrea Ruiz Ayala, representante de Madre Educadora Santa Cruz, expresó que la conclusión del curso debía entenderse como el cierre exitoso de una etapa y no como el final del aprendizaje. En su intervención reconoció el esfuerzo de las familias que dejaron temporalmente sus labores, trabajos y responsabilidades para participar en las sesiones y mejorar sus capacidades de acompañamiento.

Ruiz sostuvo que cada encuentro formativo constituyó una semilla sembrada en los hogares y que los primeros resultados pueden observarse en las relaciones familiares, en la comprensión de las necesidades de las hijas e hijos y en la fortaleza de las comunidades.

Explicó que la misión del Programa Madre Educadora consiste en brindar acompañamiento y capacitación continua a las familias. En este sentido, las madres y padres no cumplen únicamente una función de cuidado, sino que también educan, orientan, protegen derechos y construyen condiciones para el futuro desde la primera infancia.

La representante invitó a las personas graduadas a compartir lo aprendido con vecinos, amistades y otras familias. También anunció la preparación de nuevas capacitaciones destinadas a proporcionar herramientas y profundizar los conocimientos adquiridos, fortaleciendo una cadena nacional de aprendizaje, solidaridad y superación.

Por su parte, Virginia Marcela Tintaya Laime, representante de la Plataforma Nacional de Acciones YA e integrante de una fundación dedicada al autismo en La Paz, desarrolló la reflexión denominada “Más allá del diagnóstico: capacitando y empoderando a las familias para caminar juntas en el camino del autismo”.

Tintaya recordó que muchas madres y padres atraviesan los primeros momentos posteriores al diagnóstico en soledad, sin información suficiente y sin una comunidad que comprenda sus preocupaciones. Frente a ello, destacó el valor de las redes que reúnen a familias, asociaciones, fundaciones, centros terapéuticos y profesionales de diferentes regiones de Bolivia.

En su intervención utilizó las ideas de “manada”, “tribu” y “familia” para representar comunidades que decidieron no caminar solas. Más allá del nombre adoptado por cada grupo, explicó que todas estas redes comparten un mismo propósito: protegerse mutuamente, intercambiar experiencias y evitar que el conocimiento permanezca concentrado en unas pocas personas.

Desde esta mirada, capacitar a una familia produce un efecto multiplicador. Cuando una madre comparte lo aprendido con otra, el conocimiento se convierte en una forma de cuidado colectivo. Las experiencias individuales dejan de ser vivencias aisladas y pasan a conformar un patrimonio comunitario que puede ayudar a otras personas a comprender el diagnóstico, encontrar servicios, organizar apoyos y defender derechos.

La universidad como espacio de inclusión y transformación social

En representación de la Universidad Privada San Francisco de Asís, la Lic. Fabiola Achá transmitió el saludo y las felicitaciones de las máximas autoridades universitarias a las personas que concluyeron el curso. Destacó que para la USFA es fundamental trabajar de manera articulada con organizaciones de personas con discapacidad y con las familias que diariamente impulsan procesos de inclusión.

Achá agradeció al M.Sc. Marcelo Ergueta por promover la participación de la Universidad y por contribuir a la construcción de sinergias colaborativas durante la gestión. Reafirmó el compromiso institucional del Instituto de Investigación e Interacción Social y de la Unidad de Educación Inclusiva para acompañar futuros procesos de formación, capacitación y transformación social.

Señaló que la certificación universitaria de este tipo de iniciativas representa el reconocimiento de procesos orientados a quienes cumplen un papel protagónico en la construcción de una sociedad inclusiva. También valoró el compromiso de las personas participantes, quienes sostuvieron su asistencia y trabajo a lo largo de las jornadas sabatinas.

Para la representante universitaria, el curso constituyó un proceso de coconstrucción de conocimientos y un espacio para compartir experiencias, necesidades y preocupaciones de la vida cotidiana. Esta interacción entre familias, profesionales, organizaciones y universidad permitió identificar problemas y pensar colectivamente en alternativas de solución.

Otro aspecto destacado fue la necesidad de que las familias participen activamente en la incidencia política. La defensa de los derechos de las personas con discapacidad requiere que madres, padres, organizaciones e instituciones contribuyan a la formulación, implementación y vigilancia de políticas públicas inclusivas.

En este marco, la Lic. Fabiola Achá puso a disposición de las organizaciones la Universidad Privada San Francisco de Asís para la realización de futuros procesos conjuntos. Esta apertura ratifica la función social de la institución universitaria y su responsabilidad de vincular la formación, la investigación y la interacción social con las necesidades concretas de la población.

Reconocimiento a facilitadores y madres expositoras

Durante la ceremonia también se reconoció el trabajo voluntario de profesionales y madres de familia que aportaron sus conocimientos y experiencias. Entre las personas facilitadoras mencionadas estuvieron la Dra. Valeria Durán Peña, responsable del tema “Fundamentos del neurodesarrollo en el trastorno del espectro autista”; la Lic. María de Lourdes Ortega, quien desarrolló “Conductas disruptivas en la infancia”; y la M.Sc. Eliana Maldonado, encargada de “Estimulación psicomotriz integral en el hogar”.

El M.Sc. Marcelo Ergueta Álvarez abordó el tema “Inclusión en educación inicial: rol de la familia y la escuela”, mientras que la Dra. Claudia Andrea Ruiz Ayala desarrolló “Derechos, normativa boliviana y acceso a servicios”.

También recibieron reconocimiento las madres que transformaron su experiencia de vida en contenidos formativos. Virginia Tintaya compartió aprendizajes relacionados con el desarrollo infantil y la evaluación; Karen Mendoza presentó orientaciones para la elaboración de apoyos visuales; y Tania Barrionuevo expuso sobre el diseño de rutinas estructuradas. Estas participaciones evidenciaron que la formación fue construida mediante el diálogo entre el conocimiento profesional y la experiencia familiar.

El reconocimiento a quienes facilitaron el curso puso en valor la disposición voluntaria de compartir tiempo, conocimientos y herramientas. La cooperación entre especialistas y familias permitió abordar el autismo desde una perspectiva más cercana, práctica y contextualizada.

Educación inclusiva y defensa de derechos: los siguientes desafíos

El cierre de la sexta versión no representa la conclusión del proceso formativo. Las instituciones organizadoras anunciaron la preparación de un segundo módulo durante la gestión 2026, centrado con mayor profundidad en la educación inclusiva.

Esta temática responde a los problemas que todavía enfrentan niñas, niños, adolescentes y jóvenes con autismo para ejercer plenamente su derecho a la educación. Durante la ceremonia se mencionó la existencia de casos de vulneración de derechos en unidades educativas, lo que demuestra que la inclusión no puede reducirse al acceso formal a una escuela.

Una educación verdaderamente inclusiva requiere eliminar barreras, prevenir la discriminación, realizar ajustes pertinentes, brindar apoyos, capacitar al personal docente y promover la participación activa de las familias. También demanda que madres y padres conozcan la normativa vigente y cuenten con herramientas para exigir su cumplimiento.

La información y la organización familiar se convierten, por tanto, en condiciones indispensables para la defensa de derechos. Una familia informada puede identificar situaciones de exclusión, solicitar respuestas institucionales y participar en la construcción de soluciones. Cuando estas acciones se articulan mediante redes nacionales, adquieren mayor capacidad de incidencia y transformación.

Una clausura que abre nuevos caminos

La ceremonia concluyó con la entrega virtual de certificados a las personas que cumplieron los requisitos de asistencia, participación, aplicación de actividades y evaluación. Más de 60 personas acompañaron el acto mediante Zoom, celebrando colectivamente el esfuerzo de quienes concluyeron la capacitación.

Los certificados fueron otorgados por la Universidad Privada San Francisco de Asís, el Instituto de Investigación e Interacción Social, la Unidad de Educación Inclusiva, el Programa Madre Educadora de Bolivia y la Plataforma Nacional de Acciones YA. También se entregaron reconocimientos a facilitadores y madres expositoras por su contribución al desarrollo académico y experiencial del curso.

El M.Sc. Marcelo Ergueta agradeció el respaldo institucional de la USFA, la participación de las filiales departamentales, el trabajo de las asociaciones y el compromiso de las familias. Sostuvo que estos procesos permiten llegar a quienes necesitan información, apoyo y herramientas para acompañar a las personas con autismo.

La sexta versión del Curso Anual “Autismo y el Ciclo Vital” dejó como principal aprendizaje que la formación adquiere sentido cuando transforma la vida cotidiana. Su impacto no se mide únicamente por los contenidos desarrollados o los certificados entregados, sino por la capacidad de las familias para comprender mejor a sus hijas e hijos, adaptar sus prácticas, construir redes, defender derechos y proyectar una vida digna en cada etapa del desarrollo.

Con este acto, la Universidad Privada San Francisco de Asís y las organizaciones participantes reafirmaron su voluntad de continuar generando espacios académicos y comunitarios que articulen conocimiento científico, experiencia familiar y compromiso social. La clausura marcó el final de una etapa, pero también abrió un nuevo camino hacia la educación inclusiva, la incidencia en políticas públicas y la construcción de una sociedad que reconozca y acompañe a las personas con autismo durante toda su vida.