Conversatorio interinstitucional para fortalecer la prevención y atención de la violencia sexual
Conversatorio: Abriendo Caminos para Sanar, Proteger y Transformar
El Centro de Promoción Integral en coordinación con el Instituto de Investigación e Interacción Social de la Universidad Privada San Francisco de Asís realizaron el conversatorio “Abriendo caminos para sanar, proteger y transformar”, un espacio que reunió a instituciones públicas, organizaciones sociales y profesionales especializados en la protección de niñas, niños, adolescentes y otras poblaciones en situación de vulnerabilidad.
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Juntos a los Facilitadores del Conversatorio
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2026-09-01 03:56:30Última actualización
2026-09-01 23:07:02Mediante un proceso de coordinación, el Centro de Promoción Integral (CEPROSI) con el Instituto de Investigación e Interacción Social de la Universidad Privada San Francisco de Asís (USFA), se desarrolló el conversatorio “Abriendo caminos para sanar, proteger y transformar”, orientado a fortalecer la prevención, detección, denuncia, atención y protección frente a la violencia sexual.
El encuentro fue realizado en instalaciones de la Universidad Privada San Francisco de Asís y congregó a autoridades universitarias, representantes de la Policía Boliviana, profesionales de instituciones públicas, fundaciones, organizaciones de la sociedad civil, especialistas en psicología, derechos humanos, criminología, trabajo social y atención terapéutica, además de estudiantes y público interesado en la temática.
La actividad surgió como resultado del trabajo de articulación promovido por CEPROSI, institución que convocó a diferentes actores vinculados con la prevención y atención de las violencias, y que encontró en el Instituto de Investigación e Interacción Social de la USFA un aliado estratégico para generar un espacio universitario de información, sensibilización, reflexión y construcción de compromisos.
Más que una sucesión de exposiciones, el conversatorio permitió compartir experiencias institucionales, metodologías de intervención, rutas de actuación, dificultades operativas y buenas prácticas desarrolladas en diferentes contextos. Las intervenciones mostraron que la violencia sexual constituye una problemática compleja que exige respuestas coordinadas, especializadas y sostenidas.
Una alianza para transformar la preocupación en acción
La organización del conversatorio respondió a la necesidad de superar las acciones institucionales aisladas. CEPROSI coordinó con el Instituto de Investigación e Interacción Social de la USFA la definición de los objetivos, la convocatoria de especialistas y la creación de un escenario de encuentro entre las instituciones que participan en las rutas de prevención, denuncia, investigación, protección y recuperación.
La presencia de diversas organizaciones permitió analizar la problemática desde diferentes perspectivas. La Policía Boliviana explicó los procedimientos de denuncia, investigación y protección; las defensorías compartieron su experiencia de atención en municipios y comunidades; las fundaciones presentaron metodologías preventivas y terapéuticas; y las profesionales de psicología y derechos humanos abordaron los desafíos emocionales, familiares, jurídicos y sociales que acompañan cada caso.
La coordinación entre CEPROSI y la USFA hizo posible que estos conocimientos fueran compartidos dentro de un espacio académico abierto al diálogo. Esta articulación reafirmó que la universidad puede desempeñar un papel importante como lugar de encuentro, formación y vinculación entre instituciones públicas y privadas.
El conversatorio también evidenció que las alianzas no deben limitarse a la realización de eventos. La coordinación interinstitucional necesita traducirse en mecanismos permanentes de derivación, acompañamiento, intercambio de información y actuación conjunta, con responsabilidades claramente definidas y con la víctima situada en el centro de todas las decisiones.
Autoridades e instituciones comprometidas
La jornada contó con la participación del profesor doctor Carlos Jorge Landaeta Mendoza, director del Instituto de Investigación e Interacción Social de la Universidad Privada San Francisco de Asís; la licenciada Ana Fabiola Acha, coordinadora de la Unidad de Educación Inclusiva del Instituto; y la doctora Ana María Vargas, directora general del Centro de Promoción Integral (CEPROSI).
También participaron la licenciada Lorena Beizaga Celguero, responsable del Área de Prevención de CEPROSI; el teniente coronel Walter Jaime Caba Rubín de Celis, director regional de la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia; la teniente Sulma Jimena Aruquipa Mendoza, jefa de la División de Coordinación Interinstitucional de la FELCV; la teniente Chelsea Miquela Blanco Luzco, jefa de la Unidad de Prevención, Capacitación y Coordinación Institucional; y la subteniente en servicio magíster Jenny Luz Portugal Durán, jefa de la División Nacional de Criminología y Psicología Forense y Jurídica.
El panel reunió, además, a Vanessa Quirós Pérez, profesional del área de Psicología del SLIM–Defensoría de la Niñez y Adolescencia del Gobierno Autónomo Municipal de Palca; Viviana Villa Valverde, psicóloga terapeuta de CEPROSI; Anelis Cruz Castro, coordinadora del proyecto Tejiendo Redes de Protección de la Fundación Munasim Kullakita; Carla Andrea Góngora García, psicóloga terapeuta de la Fundación Machaqa Amawta; Miriam Chura, especialista en derechos humanos; y Rosario Mari Chuquimia Marca, psicóloga psicoterapeuta del centro Sartasim Kullakita de la Fundación Levántate Mujer.
La diversidad de instituciones presentes permitió mostrar que ninguna entidad puede responder por sí sola a la violencia sexual. La prevención y la atención requieren la participación coordinada de la familia, la comunidad, el sistema educativo, los servicios de salud, la Policía, el Ministerio Público, las defensorías, los servicios legales integrales municipales, las organizaciones sociales y los centros terapéuticos.
La USFA reafirma su compromiso con la interacción social
El acto de apertura estuvo a cargo del Prof. Dr. Carlos Jorge Landaeta Mendoza, quien dio la bienvenida a las instituciones y destacó que el conversatorio fue posible gracias a un esfuerzo de coordinación interinstitucional.
En su intervención señaló que los aportes de los profesionales invitados permitirían construir conclusiones útiles para quienes trabajan en la prevención, la atención y el acompañamiento a víctimas de violencia. Asimismo, reafirmó el compromiso del Instituto de Investigación e Interacción Social de continuar apoyando iniciativas que beneficien directamente a mujeres, niñas, niños, adolescentes, familias y comunidades.
El director destacó que la interacción social universitaria debe vincular el conocimiento con las necesidades concretas de la población. En este sentido, la Universidad Privada San Francisco de Asís no fue solamente la sede del encuentro, sino una institución activa en la articulación de actores, saberes y experiencias.
El acompañamiento del Instituto de Investigación e Interacción Social constituye una expresión del compromiso universitario con la promoción de los derechos humanos. La generación de espacios de análisis permite que estudiantes, docentes y profesionales comprendan la complejidad de la violencia sexual y reconozcan las responsabilidades que corresponden a cada área de intervención.
CEPROSI plantea pasar de la sensibilización a los compromisos
La licenciada Lorena Beizaga Celguero, responsable del Área de Prevención de CEPROSI, explicó que el conversatorio fue convocado para visibilizar las acciones desarrolladas por las instituciones, pero, sobre todo, para generar compromisos orientados a frenar la violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes.

Foto: Ceprosi, 2026
Su intervención puso énfasis en que los datos disponibles expresan una realidad alarmante y exigen respuestas inmediatas. Más allá de las cifras, cada caso representa la vulneración de derechos, la afectación de una persona y el sufrimiento de una familia.
La representante de CEPROSI sostuvo que los adultos son garantes de los derechos de la niñez y la adolescencia. Desde esa responsabilidad, formuló un principio que atravesó toda la jornada: las infancias deben ser cuidadas y protegidas, independientemente de si existe o no un vínculo familiar directo con ellas.
El mensaje permitió comprender que la prevención no corresponde únicamente a profesionales o instituciones especializadas. La sociedad en su conjunto debe aprender a reconocer señales de riesgo, escuchar sin juzgar, activar las rutas de atención y evitar cualquier comportamiento que culpabilice o revictimice.
Un conversatorio para informar, sensibilizar y coordinar
La teniente Sulma Jimena Aruquipa Mendoza presentó los principales objetivos del encuentro. Señaló que el conversatorio buscó generar un espacio de información, sensibilización, reflexión y diálogo sobre la prevención y atención de la violencia sexual, especialmente aquella que afecta a niñas, niños y adolescentes.
Entre los propósitos se encontraban visibilizar las estrategias y mecanismos implementados por las instituciones competentes; informar a la población sobre los servicios disponibles; explicar las responsabilidades de cada instancia dentro de las rutas de atención y denuncia; y promover una actuación coordinada que garantice un trato digno, sensible y respetuoso.
Otro objetivo fundamental fue evitar la revictimización. Cuando una persona debe repetir numerosas veces su relato, enfrenta preguntas culpabilizadoras o recibe una respuesta institucional indiferente, el sistema puede ocasionar nuevas formas de daño. Por ello, la coordinación debe reducir procedimientos innecesarios y priorizar la seguridad y el bienestar de la víctima.
El conversatorio también promovió la corresponsabilidad entre las instituciones, las familias, las comunidades y la sociedad. La prevención de la violencia sexual exige participación activa, vigilancia responsable y disposición para actuar ante cualquier señal de vulneración.
Tejer redes de protección desde la comunidad

Foto: Ceprosi, 2026
La primera exposición estuvo a cargo de Anelis Cruz Castro, coordinadora del proyecto Tejiendo Redes de Protección de la Fundación Munasim Kullakita. La profesional presentó la experiencia de una institución con una amplia trayectoria en la protección de niñas, niños y adolescentes en situación de riesgo social, particularmente víctimas de trata de personas y explotación sexual comercial.
Su intervención mostró que las situaciones de trata, explotación y violencia sexual suelen estar relacionadas. En numerosos casos, las víctimas han experimentado agresiones dentro de sus propios entornos familiares o durante los procesos de captación y explotación.
Como estrategia preventiva, la Fundación trabaja en la formación de liderazgos de niñas, niños, adolescentes y jóvenes mediante las Zonas de Orientación Escolar. Esta metodología permite generar espacios de escucha, información, identificación de riesgos y participación dentro de las unidades educativas.
La exposición resaltó la importancia de trabajar con toda la comunidad. La prevención no debe dirigirse únicamente a la posible víctima, sino también a docentes, familias, estudiantes, organizaciones barriales, instituciones públicas y empresas privadas.
Entre los desafíos señalados se encuentran la normalización de la violencia, la inestabilidad del personal de los servicios de protección, las limitaciones presupuestarias, la ausencia de procesos sostenidos de rehabilitación y las dificultades de acceso en determinadas zonas.
La ponente recordó que la denuncia y la atención inicial son fundamentales, pero no constituyen el final del proceso. Las víctimas necesitan acompañamiento terapéutico, restitución de derechos, acceso a educación, protección familiar y condiciones que les permitan reconstruir su proyecto de vida.
La ruta policial frente a los delitos de violencia sexual
La teniente Chelsea Miquela Blanco Luzco explicó la ruta de actuación de la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia frente a los delitos de violencia sexual.
Durante su intervención señaló que la violencia sexual comprende acciones o conductas realizadas sin consentimiento, mediante violencia, intimidación, coerción, abuso de poder o aprovechamiento de una situación de vulnerabilidad. Estas acciones vulneran el derecho de las personas a decidir libremente, la integridad corporal, la salud, el bienestar y la autodeterminación sexual.
La expositora explicó que la ruta comienza cuando la víctima o cualquier persona que conozca el hecho presenta una denuncia ante la Policía u otra autoridad. A partir de ese momento se procede a la recepción de la denuncia, la valoración del riesgo, la protección inmediata, la asignación de un investigador y la coordinación con el Ministerio Público.
La FELCV cuenta con personal especializado y equipos multidisciplinarios para brindar contención y desarrollar las actuaciones investigativas. En los casos que involucran a niñas, niños y adolescentes se recurre a profesionales especializados y a espacios como la Cámara Gesell, con el propósito de evitar la repetición innecesaria del relato.
La intervención destacó la importancia de las primeras 72 horas posteriores al hecho. En ese periodo pueden realizarse atenciones médicas urgentes, prevención de infecciones de transmisión sexual, profilaxis para el VIH y la hepatitis B, anticoncepción de emergencia cuando corresponda, tratamiento de lesiones, contención emocional y recolección de evidencias médico-legales.
La teniente insistió en que la víctima debe recibir información clara sobre el proceso, ser escuchada en un espacio de privacidad y no ser sometida a juicios o preguntas culpabilizadoras. La actuación institucional debe cumplir con la debida diligencia reforzada, especialmente cuando se trata de personas menores de edad.
Defensorías móviles para llegar a las comunidades
Vanessa Quirós Pérez compartió la experiencia del SLIM y de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia del municipio de Palca. Explicó que la extensión territorial y las distancias dificultan el acceso de la población a los servicios de protección.
Ante esta realidad, el municipio desarrolla defensorías móviles que se trasladan a comunidades alejadas para escuchar a la población, recibir denuncias y brindar orientación. El trabajo se apoya en la coordinación con autoridades comunitarias, centrales agrarias, unidades educativas, servicios de salud, comités de niñas, niños y adolescentes, grupos juveniles y promotoras comunitarias.
La ponente diferenció tres niveles de prevención. La prevención primaria se desarrolla antes de que ocurra el hecho y busca fortalecer a las familias y comunidades; la prevención secundaria procura identificar tempranamente las señales de riesgo; y la prevención terciaria interviene después de la violencia para reducir sus consecuencias y evitar nuevas vulneraciones.
Desde el campo psicológico, Vanessa Quirós destacó el valor de la escucha abierta. En lugar de utilizar preguntas sugestivas o presionar a la víctima, recomendó expresiones como “cuéntame todo lo que recuerdes”, “cuéntame más sobre eso” o “¿quieres seguir contándome?”.
También subrayó la necesidad de formular preguntas orientadas a la seguridad y la esperanza: “¿Con quién te sientes protegido?”, “¿Qué tendría que cambiar para que te sientas más seguro?” o “¿Qué podría ocurrir para que esta situación mejore?”. Estas preguntas permiten identificar recursos personales, familiares y comunitarios que pueden apoyar el proceso de recuperación.
La profesional advirtió sobre dificultades como la discontinuidad del personal, la sobrecarga laboral, la falta de transporte, las distancias territoriales y la insuficiencia de recursos. Estos factores pueden afectar la continuidad del acompañamiento y muestran la urgencia de fortalecer institucionalmente los servicios municipales.
Derechos humanos y acceso a la justicia
La especialista Miriam Chura desarrolló una intervención centrada en los derechos de las víctimas y en los procedimientos necesarios para activar la atención institucional.

Su participación permitió reflexionar sobre la importancia de conocer las instancias competentes y comprender que una denuncia puede presentarse de forma verbal o escrita. La respuesta institucional debe activarse sin imponer obstáculos innecesarios ni exigir a la víctima conocimientos técnicos sobre el sistema.
La exposición puso énfasis en que la ruta de atención debe considerar simultáneamente la protección, la asistencia médica, la contención psicológica, el acompañamiento social y el acceso a la justicia. Un procedimiento legal no puede desarrollarse de manera separada de las necesidades emocionales y de seguridad de la persona.
Desde el enfoque de derechos humanos, la dignidad, la confidencialidad, la no discriminación y el interés superior de la niñez deben orientar todas las actuaciones. La víctima no debe ser tratada como un expediente, sino como una persona que necesita protección, información y acompañamiento.
CEPROSI y el trabajo terapéutico para prevenir la reincidencia
La psicóloga Viviana Villa Valverde presentó la experiencia de CEPROSI en la atención terapéutica y en el trabajo con personas involucradas en hechos de violencia, incluyendo el abordaje con agresores o presuntos agresores.
Su intervención permitió incorporar una dimensión frecuentemente postergada: la prevención de la reincidencia. Romper el ciclo de la violencia no depende únicamente de proteger a la víctima; también exige intervenir sobre los patrones de pensamiento, las creencias, las relaciones de poder y las conductas de quienes ejercieron violencia.
La profesional explicó que, durante los procesos terapéuticos, pueden aparecer negación, reconocimiento parcial de los hechos, minimización, externalización de responsabilidades y culpabilización de la víctima. También pueden observarse dificultades para comprender el consentimiento, reconocer límites y dimensionar los efectos producidos en la víctima, la familia y la comunidad.
El trabajo de CEPROSI aborda la regulación emocional, la impulsividad, los factores de riesgo, los factores protectores y la construcción de alternativas de comportamiento. Se busca que la persona asuma responsabilidad, desarrolle empatía hacia la víctima y sostenga cambios conductuales que reduzcan el riesgo de nuevos hechos.
La exposición destacó que el consentimiento y los límites deben formar parte de la educación desde edades tempranas. Trabajar preventivamente con adolescentes puede contribuir a cuestionar mitos, estereotipos y aprendizajes que normalizan el abuso de poder o la violencia.
Esta perspectiva no busca disminuir la responsabilidad jurídica de los agresores, sino complementar la sanción con procesos especializados que permitan prevenir la repetición de las conductas.
Prevención de la violencia sexual y digital
Carla Andrea Góngora García presentó el trabajo de la Fundación Machaqa Amawta mediante el proyecto orientado al fortalecimiento de niñas, niños, adolescentes y entornos protectores y resilientes.
El proyecto se desarrolla en La Paz, Riberalta y Guayaramerín, abordando la prevención de la violencia sexual y la violencia sexual digital. Su trabajo se organiza en tres componentes: prevención, incidencia social y política, y atención psicosocial.
La iniciativa incorpora los enfoques de protección integral, derechos, inclusión e interculturalidad. Una de sus prioridades es trabajar con niñas, niños y adolescentes con discapacidad, quienes pueden enfrentar mayores riesgos de violencia y barreras adicionales para reconocer, comunicar o denunciar una situación.
La Fundación desarrolló la metodología “El universo de las emociones”, una propuesta lúdica y participativa para trabajar con estudiantes de unidades educativas y centros de educación especial. Mediante actividades adaptadas a la edad, se promueve el reconocimiento de emociones, el conocimiento del cuerpo, la identificación de señales de riesgo y la construcción de mecanismos de autoprotección.
El abordaje de la violencia sexual digital resultó especialmente relevante. El acceso temprano a teléfonos celulares, redes sociales y plataformas digitales ha generado nuevos escenarios de exposición. La prevención requiere que las niñas, niños y adolescentes aprendan a proteger su información, reconocer engaños, identificar solicitudes inapropiadas y buscar ayuda.
La exposición resaltó que el acompañamiento familiar es indispensable. Madres, padres y cuidadores deben conocer los riesgos digitales, dialogar sin amenazas y construir relaciones de confianza que permitan a los menores comunicar una situación preocupante.
Criminología, psicología forense y desafíos de investigación
La subteniente en servicio magíster Jenny Luz Portugal Durán abordó los desafíos relacionados con la criminología, la psicología forense y la investigación de los delitos sexuales.
Su intervención permitió analizar la importancia de comprender los factores de riesgo, las dinámicas familiares, las prácticas sociales normalizadas y las condiciones que pueden favorecer la violencia. También llamó la atención sobre los hechos que afectan a víctimas varones, quienes frecuentemente enfrentan mayores dificultades para revelar lo ocurrido debido a prejuicios, mandatos de masculinidad y temor a la estigmatización.
La especialista enfatizó la necesidad de no justificar la violencia por el consumo de alcohol, la relación de pareja, la historia previa del agresor o las características de la víctima. Estos elementos pueden constituir factores asociados, pero nunca eliminan la responsabilidad de quien ejerce la conducta violenta.
Asimismo, advirtió sobre los riesgos presentes en redes sociales y plataformas digitales. La captación, el engaño, la circulación de imágenes y las amenazas pueden convertirse en formas de violencia sexual que requieren investigación especializada y una respuesta familiar e institucional oportuna.
Atención integral para sobrevivientes y sus familias
La última exposición estuvo a cargo de Rosario Mari Chuquimia Marca, psicóloga psicoterapeuta del centro Sartasim Kullakita, perteneciente a la Fundación Levántate Mujer.
La profesional presentó la experiencia de un servicio de atención integral para niñas, niños y adolescentes víctimas de violencia sexual. El modelo articula las áreas de psicología, trabajo social y apoyo legal, y se sostiene en la coordinación con instituciones aliadas.
Desde el área psicológica se brinda escucha activa, primeros auxilios psicológicos, contención emocional y procesos terapéuticos individuales, familiares y grupales. Uno de los principales objetivos es desmontar el sentimiento de culpa, tanto en la víctima como en sus familiares.
La exposición recordó que las víctimas no siempre llegan llorando o mostrando tristeza. Algunas pueden manifestar enojo, apatía, silencio o comportamientos que el entorno interpreta de manera equivocada. Por ello, los profesionales deben comprender las diversas respuestas frente al trauma y evitar imponer una forma esperada de reaccionar.
El trabajo terapéutico se orienta a reconocer la sobrevivencia. Esto implica ayudar a la persona a comprender que sus derechos fueron vulnerados, que no es responsable de lo sucedido y que su vida no termina con la experiencia de violencia.
También se desarrollan grupos de autocuidado y apoyo mutuo para niñas y adolescentes, así como espacios para madres, padres y cuidadores. Las familias requieren contención porque deben acompañar la denuncia, las evaluaciones, los procedimientos médicos y las distintas etapas de la ruta institucional.
Entre las prácticas complementarias se mencionaron el yoga, la danza, el movimiento corporal, la defensa personal y las actividades ocupacionales. Estas experiencias permiten reconstruir una relación positiva con el cuerpo, fortalecer habilidades, recuperar la confianza y ampliar las posibilidades de integración social.
Un llamado colectivo: prevenir es proteger
En la parte final del conversatorio, la licenciada Lorena Beizaga retomó los principales aprendizajes y convocó al público a participar en una dinámica colectiva. Las personas presentes expresaron tres mensajes: “Prevenir es proteger”, “proteger es transformar” y “transformar es responsabilidad de todas y todos”.
Las frases sintetizaron el espíritu de la jornada. La prevención evita vulneraciones; la protección permite recuperar derechos; y la transformación exige responsabilidad compartida.
La representante de CEPROSI recordó que las instituciones participantes integran redes dedicadas a la prevención de la violencia y que el encuentro debía convertirse en el punto de partida para renovar compromisos.
También planteó la necesidad de trabajar con todas las dimensiones del problema. La atención de las víctimas debe ir acompañada por la intervención familiar, la reeducación de las personas agresoras, el fortalecimiento de las instituciones y la transformación de los patrones culturales que normalizan la violencia.
CEPROSI ratifica la continuidad del trabajo en red
La clausura estuvo a cargo de la doctora Ana María Vargas, directora general de CEPROSI, quien agradeció a las instituciones y profesionales que participaron en el encuentro.
En sus palabras finales reconoció que la violencia sexual es una problemática compleja, riesgosa y difícil de abordar, pero también señaló que las instituciones no pueden renunciar a su responsabilidad de responder.
La directora destacó el valor de las redes y de las metodologías construidas por las organizaciones para llegar a diferentes poblaciones. Señaló que CEPROSI, la Universidad Privada San Francisco de Asís, la Policía Boliviana, la Fundación Machaqa Amawta, la Fundación Levántate Mujer, la Fundación Munasim Kullakita y las demás instituciones participantes forman parte de un esfuerzo que debe continuar fortaleciéndose.
Su intervención dejó un mensaje de permanencia: las organizaciones no se encuentran de paso frente a esta problemática. Cada día reciben casos, acompañan a víctimas, orientan a familias y enfrentan múltiples dificultades para garantizar respuestas oportunas.
Reflexión: sanar, proteger y transformar exige corresponsabilidad
El conversatorio dejó como principal aprendizaje que la violencia sexual no puede abordarse únicamente después de ocurrido el hecho. La respuesta debe comenzar mucho antes, mediante educación, información, fortalecimiento familiar, entornos protectores y formación sobre consentimiento, límites y derechos.
Cuando una situación es revelada, la primera respuesta puede marcar profundamente el proceso posterior. Escuchar, creer, proteger y activar la ruta correspondiente son acciones esenciales. Juzgar, culpabilizar, interrogar de manera insistente o minimizar el relato puede producir un nuevo daño.
La coordinación interinstitucional es igualmente decisiva. Las víctimas y sus familias no deberían recorrer solas un sistema fragmentado ni repetir su historia ante múltiples instancias. Las instituciones deben compartir responsabilidades y construir rutas claras que garanticen atención médica, psicológica, social, policial y jurídica.
El liderazgo de CEPROSI hizo posible reunir estas experiencias y colocarlas en diálogo. La coordinación con el Instituto de Investigación e Interacción Social de la USFA permitió trasladar esta discusión al ámbito universitario, contribuyendo a formar profesionales más sensibles, informados y comprometidos.
La participación de instituciones públicas y organizaciones sociales demostró que existen conocimientos, metodologías y personas comprometidas. Sin embargo, también se reconocieron limitaciones relacionadas con presupuestos, rotación de personal, cobertura territorial, sobrecarga laboral, continuidad terapéutica y acceso a servicios especializados.
Estos desafíos exigen políticas sostenidas, recursos suficientes y decisiones institucionales capaces de asegurar continuidad. La protección no puede depender únicamente de la voluntad personal de determinados profesionales; debe constituirse en una responsabilidad pública respaldada por estructuras sólidas.
“Abriendo caminos para sanar, proteger y transformar” no fue solamente el nombre del conversatorio. Expresó una ruta colectiva: sanar implica acompañar; proteger significa actuar oportunamente; y transformar supone cuestionar las condiciones culturales e institucionales que permiten la violencia.
CEPROSI y el Instituto de Investigación e Interacción Social de la Universidad Privada San Francisco de Asís reafirmaron, mediante esta actividad, que la prevención y atención de la violencia sexual requieren conocimiento, sensibilidad, coordinación y compromiso. El desafío posterior al encuentro será convertir los aprendizajes compartidos en acuerdos, acciones y redes de protección cada vez más eficaces para que ninguna víctima permanezca sola y ninguna forma de violencia sea normalizada.